Friday, July 13, 2018

Arenitas de esperanza


Cierro los ojos en este día gris y me imagino, me imagino como uno de esos tipos despojados del tiempo, pensando que finalmente llegara ese momento feliz. 

Ahí parado frente a los azules variantes del atlántico aquel, frente a esas olas inofensivas... de esas que te invitan cuales notas dulces, como si fueran salidas de alguna canción de Marley. 

Me imagino frente al calor intenso del sol, que recorre todo el cuerpo, quemándole... dándole un color más oscuro a la piel, rayitos de calor que traspasan hasta el alma.

Me imagino como un tipo que no debe más, como un tipo que ha pasado un largo tiempo ansiando el momento intenso de reencontrarme en una playa con vos, con ella, aquella tipa de naricita pequeñita.  Me veo los pies enterrándose en la arenita blanca, pequeñitos minutos de esperanza.

Sigo con los ojos cerrados como si todo quedara resuelto en esa imagen, la vida en una analogía de ese vasito plástico color blanco, con varios hielitos y algunas onzas de ron mezclado: derritiéndonos en lo dulce, dejándonos abrazar por el calor, volviéndonos todo en una sola cosa, una que terminara hasta la última gota. 

Distancia



La distancia es bidireccional, tiende dos vías… el que se va y el que regresa, o en todo caso los que siempre regresan a un punto medio.

He pensado por algún tiempo que la distancia también es interna, también te alejas de quien sos, te vas lejos y dejas de contactar con vos mismo. La cotidianidad, el trabajo, las cuentas por pagar, las cuentas por cobrar, tus fantasmas y tus miedos en una mochila pesadísima.

Yo trato de regresar a quien soy, busco con desesperación regresar a ser feliz, de olvidar mi pasado… de perdonar lo que fui, porque solo ese camino queda para acortar las distancias, de perdonar fácilmente y de pedir perdón fácilmente, trato todos los días de recordar cómo es regresar a aquel patojito de 14 años que reía por todo y que a pesar de las penurias y vicisitudes siempre estaba feliz. (con una pelota de básquet bajo el brazo, y otra de vóley).

Yo recuerdo la sonrisa de mi mama, que era una carcajada sonora… que me hacía feliz, siempre busque sus abrazos y una caricia, busque en su carita blanca y sus ojos miel… la esperanza de una vida mejor. Busque en mis hermanos el ejemplo de vida, en mi padre al tipo responsable y maduro en quien siempre encontrabas una variación mínima en su forma de ser.

La distancia entre ese patojito y yo, cada vez la percibo más cerca… quiero volver a reír y quisiera ver tus ojos miel mama, no puede verlos de nuevo… te fuiste físicamente, pero tu alma y tu risa viven adentro de mí, me formaste y en la medida de tus posibilidades me hiciste quien soy, puedo escuchar, entender y leer los tiempos y a las personas, me diste algo que finalmente me dio de comer. -Cierro los ojos y estás ahí, no te fuiste lejos… la distancia es menor-

La distancia por recorrer dura horas, pero la distancia entre mi felicidad la busco superar todos los días, jamás deje de solucionar nada en la vida, pero empiezo a pensar que amarte a vos mismo, es el principio de amar a los demás, elemental verdad que no pude entender hasta ahora, me avergüenzo de saber hasta este punto de mi vida; creo que sí, debí saberlo antes.

Recojo los despojos del día, los llevo conmigo por la noche, acaricio a Eulalio que mueve su cola siempre feliz, me lleva a los ojos verdes de mi hija, a los ojos miel de mi hijo… seguís viva en ellos madre. 

Me levanto todos los días y medito un poco, debo acercar las distancias para ser feliz de forma completa, eso me acerca a vos, me acerca a ser un tipo pleno… porque vos lo mereces chatía.

Distancia en ideales, distancia en abrazos y besos por dar. Cada vez más corta y cada vez más cerca de mí y de vos.

Wednesday, July 4, 2018

Güilas




Las tardes en San José en general llueve, no sé si es por mala suerte o soy yo quien lleva la lluvia, pero cada vez que estoy en la ciudad: llueve.

Los ticos en general son amables, con un sentido del servicio y amabilidad que te abraza, que uno se siente bien, dan ganas de comprar (a pesar de los precios), dan ganas de conversar y de escuchar eso de “con mucho gusto”.

El punto al que quiero llegar es que además de amables parecen ser felices, dicha apariencia me choca, porque en la ciudad donde vivo, nadie luce feliz… al menos no de entrada, pasamos horas en el tráfico, pasamos polarizados por la política del país, la económica en franca caída libre, y que los ticos sean abiertamente felices me choca, no lo puedo evitar.

Esa tarde llovía, -claro, estaba yo en la ciudad y no podía ser de otra forma- desde la ventana del hotel veía aquella piscina casi solitaria, uno que otro gringo con panzas voluminosas (con quienes compito de forma significativa) metidos en la piscina.

La ansiedad es parte de mi personalidad, tenemos una relación simbiótica, yo vivo de ella o ella de mí, no podría decirlo a ciencia cierta, y esa tarde yo era 90% ansiedad, iba al cine… iría a ver una película tica: Güilas, traducido al chapín creo que significa algo así como patojos.

Llegue de tu mano, llegue pensándome el tipo más afortunado de Centroamérica, un tipo afortunado.

Empezó la película, y está basada en siete historias felices, sin rastros de historias de guerra o de guerrilla (así deben de ser las películas de mi país, salvo honrosas excepciones). 

El director es Sergio Pucci un tico (presumiblemente feliz) hizo una película de la alegría, del pasado, de los patojos que todos fuimos, nos retrata… todos fuimos esos patojos que salieron corriendo después de una fechoría, que ayudamos a la casa en asuntos importantes, que nos metimos a la casa del vecino a tratar de recuperar el juguete olvidado. Somos en este sentido ticos y chapines muy parecidos de patojos, nos importan muy poco las cosas que después parecen importantes. Sergio hizo una película donde la gente se carcajeaba del club sport Cartaginés, hizo una película donde la gente disfrutaba a los fugados en la feria del pueblo, y donde la gente reía del niño que memorizaba y vendía granizadas. Trazos de alegría redonda, expresada en la carita de los actores, de una fotografía nítida y que te llena el corazón.

Yo me identifique con uno de los personajes, es un patojo que lo mandan a comprar huevos, corre y corre… ve pasar en un auto de gama alta, y ve a una nena rubia… preciosa, y desprotegido de prejuicios el patojo de ropa humilde, sudado y despeinado; asume que si acelera el paso podrá ver a la rubia en un punto de la ciudad: yo soy así… las cosas difíciles a pesar de serlo, siempre sueño con ellas. En un punto de su corrida se cae y logra no romper los huevos (que asumo si los rompe se meterá en serios problemas), llega a la tienda donde está la rubia, lleva una flor en la mano y se la va a entregar, sin embargo a la rubia no le hace mucha gracia el regalo, y de pronto: aparece la hermana y el flechazo fue instantáneo, fue puro, fue dramático y digo dramático porque ella le sonríe a él, y el nene en la intensidad del momento deja caer la bolsa de los huevos. No importa habrá entregado la flor y quien sabe la historia a continuación. No era la primera vez que lo iban a castigar o regañar, pero la flor en la mano de la rubia y ella sonriendo para él lo vale todo.

Entendí que la parte del ADN de los ticos y de los chapines se distancia a medida nos hacemos adultos, de niños no somos tan diferentes, ellos aún conservan esa alegría de saberse libres de tantos prejuicios nuestros, no hay tantos problemas de razas como en nuestro país.

De tu mano, regrese al hotel. Fui feliz. Sonreí en el cine. Quiero regresar a ver películas como Güilas (y de tu mano).

Tuesday, June 19, 2018

Brújula

La humanidad en general tuvo una dependencia de navegación y exploración basada en la polaridad magnética, de un aparato que marcaba el norte, fuimos y venimos no pocas veces, encontramos nuevos lugares y vimos diferentes realidades… gracias a trazar este rumbo.

        Yo siempre fui un tipo de oscilaciones poco significativas, generalmente con alguna meta (pequeña pero alcanzable) tratando de estar enfocado y sin sobresaltos, recuerdo alguna canción de Bob Marley (Satisfy my soul), a lo mejor porque los tipos cobardes le tenemos miedo a lo inesperado, a los retos que nos muestren que la vida tiene dos polos y que el norte no siempre es el camino.
              
         Una mañana de estas desperté soñando con tu carita pálida (sin maquillaje), de nariz pequeñita. De ojos bien definidos, me levanté exaltado y encontré que a pesar de ser un tipo disfrazado de valentía ocasionalmente, la vida me llevaba de la mano a dar unos giros inesperados, giros prolongados… donde no soy experto, donde todo está por descubrirse.
              
         Descubrir una mañana de café, frente a tu carita, una sonrisa que brilla más que el sol. Lo veo adentro de mí, lo imagino… lo sueño. Ahora ya sabrás que todo lo sueño con los ojos abiertos, no lo puedo evitar. A las 4am las ideas son un poco más claras que a las 11pm, claramente que mi brújula ya no apunta al norte… en realidad apunta al lugar opuesto, apunta 800 kms. al sur.
          
          La vida es una bifurcación, hola y adiós, bienvenida y adelante. Es momento de dejar de ver la brújula y que el corazón te lleve. ¡Aguanta querido corazón!
Vamos hacia el sur… vamos a escuchar aquel acento dulce.

Chatia



https://www.flickr.com/photos/31425449@N07/4633008917


Tu naricita que apenas apareció en tu carita, en esa carita blanquita, de ojitos dulces… ojitos despiertos y labios dibujados perfectamente.

Tu nariz me llama, me dice que la esperanza no termina, que tu voz al decir buenos días: me despierta el corazón. Que tomar café contigo y tu naricita es un placer de la vida, que mis pasos van tres pasos a tras de ti, es intencional, es para verte como moves esas caderas, lo confieso: siempre me gusto verte caminar.

De tu nariz, de tu piel blanquita, de tus labios y de tu voz: renace la esperanza.

Cometa sulfurante



(https://entrenatuvida.blog/2012/01/25/el-cometa-halley-2/)

Yo crecí en un barrio populoso, sin mucho brillo y ahora catalogado como una zona roja. La historia es que yo jamás lo ví así, me forjo… me vio crecer mi hizo quien soy, aprendí el valor de la amistad, de los códigos de la calle, de las miradas directas y de jamás de dejar de pelear, aunque uno supiera que iba a perder.

Crecí viendo a mucha gente trabajando 14 horas, crecí viendo a nenes convertirse en insignes mareros, crecí viendo a muchos amigos morir, a otros dejarse morir, a mi papa y a mi mama tratando de que sus hijos fueran unos tipos de bien.

Conocí a tipos de carácter, conocí a tipos que jamás se dejaron ningunear o humillar. Aprendí el valor de defenderte y tener tu propio criterio, aprendí a jugar volley en el verano, aprendí que un día en el año no entran carros a la Isla, es el día de la procesión, aprendí cual cometa sulfurante a volar y soñar con los ojos abiertos, porque la dialéctica en el barrio lo es todo, no hay oportunidades de casi nada, pero la dialéctica es todo: aprendes a decir lo que vas a ser sin la menor esperanza de serlo.

Hoy en el recuento de mis años, valoro mi pasado, mi presente y la capacidad dialéctica, valentía y códigos aprendidos en aquellas calles estrechas de la Isla, donde a pesar de las pocas oportunidades pude convertirme en el hombre que hoy les escribe. Cometa sulfurante que aún me lleva de paseo en los sueños.

Pequitas

Son un archipiélago, un archipiélago donde me pierdo por siempre… tu carita, tus brazos… se vuelven mas lindas cuando te...